Hace unos años un conocido decidió ahorrar dinero.
Mal asunto.
Cada vez que alguien empieza una frase con “voy a ahorrar dinero”,
algún proveedor chino empieza a frotarse las manos.
Necesitaba papel para la oficina.
Nada espectacular.
Papel.
El invento revolucionario que lleva funcionando unos dos mil años.
Bien, hasta ahí nada reseñable.
Pues el hombre encontró una oferta.
De esas que hacen que la gente pierda el sentido común durante unos segundos.
Compró un palé.
Orgullosísimo.
Había ganado.
Había derrotado al sistema.
Había humillado a los distribuidores.
Había vencido al capitalismo.
Dos semanas después tenía tres impresoras atascadas,
media oficina maldiciendo en arameo
y una montaña de papel que servía perfectamente para calzar mesas cojas.
Lo barato había salido barato.
Que es algo bastante peor que salir caro.
Porque cuando algo sale caro, al menos funciona.
La realidad es que tú no compras papel.
Igual que no compras gasolina por afición.
Lo compras porque quieres llegar a algún sitio.
Con el papel pasa exactamente lo mismo.
Te importa un comino el gramaje.
Te importa un comino la blancura.
Te importa un comino la composición de las fibras celulósicas
obtenidas mediante procedimientos industriales sostenibles.
Tú quieres darle al botón.
Y que salga la hoja.
Fin.
Sin dramas.
Sin rituales satánicos.
Sin tener que abrir la impresora como si fueras
un cirujano cardiovascular intentando salvar una vida.
Por eso existe el papel de batalla.
El papel honrado.
El papel que sabe cuál es su sitio en el mundo.
No viene a cambiar tu vida.
No viene a despertar tu niño interior.
No viene a ayudarte a alcanzar la iluminación espiritual.
Viene a hacer una cosa.
Y hacerla bien.
Entrar.
Imprimirse.
Salir.
Y desaparecer discretamente.
Como los buenos camareros.
Como los buenos mecánicos.
Como toda esa gente que hace que el mundo funcione mientras otros se hacen fotos para LinkedIn.
¿Es el papel más exclusivo del mercado?
No.
¿Lo necesitas?
Tampoco.
Porque la inmensa mayoría de las empresas no necesitan un Ferrari para imprimir un albarán.
Necesitan algo mucho más raro.
Algo que funcione.
Y que no dé por saco.
Que visto cómo está el mundo, ya es bastante pedir.
