Hay una ley no escrita.
¡Vaya que si la hay!
Una de las más fiables que conozco.
Una impresora jamás se queda sin tinta cuando no necesitas imprimir.
Nunca.
Never.
Mai.
Nie.
Puede pasarse tres meses tocándose las narices.
Tres meses.
Sin imprimir nada.
Sin hacer ruido.
Sin pedir ayuda.
Pero el día que tienes algo urgente… ahí aparece.
Sin previo aviso.
Como un francotirador.
Un inspector de hacienda.
O los Testigos de Jehová.
O el grupo de WhatsApp del colegio.
“Tóner agotado”.
“Tinta insuficiente”.
“Consumible no disponible”.
Da igual el mensaje.
La traducción siempre es la misma.
“Hoy te jodes.”
Y entonces ocurre algo maravilloso.
Personas perfectamente normales empiezan a comportarse de forma extraña.
Sacuden el consumible.
Lo golpean.
Lo soplan.
Lo vuelven a colocar.
Repiten el proceso.
Como si estuvieran participando en un ritual ancestral
transmitido de generación en generación.
Y durante unos minutos sucede el milagro.
Imprime.
Una página.
Dos.
Tres.
Las suficientes para alimentar una esperanza completamente irracional.

Hasta que vuelve a morir.
Porque los milagros duran poco.
Y los cartuchos vacíos todavía menos.
Es ahí cuando aparecemos nosotros.
No para venderte tinta.
Eso es lo de menos.
La tinta es una excusw.
Nosotros estamos para rescatarte de esa conversación absurda
que tienes contigo mismo cuando llevas veinte minutos
peleándote con una máquina que costó menos
que el móvil desde el que estás leyendo esto.
Porque la realidad es bastante sencilla.
Tú no necesitas un cartucho.
Necesitas imprimir.
Necesitas sacar ese presupuesto.
Ese trabajo.
Ese contrato.
Esa factura.
Ese documento.
Lo demás son detalles.
Por eso llevamos años resolviendo el mismo problema.
La gente entra pensando que necesita tinta.
Y sale con algo bastante mejor.
La certeza de que mañana podrá seguir trabajando sin acordarse de nosotros.
Que es exactamente como debe funcionar un buen servicio.
P.D.1: Si ahora mismo tu impresora funciona perfectamente, tranquilo.
Ella es feliz haciéndote creer que tienes el control de la situación.
P.D.2: Ahora mismo tienes dos opciones. Comprar tinta cuando la necesitas.
O comprarla cuando ya es demasiado tarde. Curiosamente, la mayoría elige la segunda.
Y luego llaman “mala suerte” a lo que era perfectamente previsible. Es aquí.
