La vez que le dijimos a un cliente que NO comprara nuestro papel
Sí.
NO.
No fue un error de imprenta.
Tampoco nos hemos vuelto locos.
Y sí, sé que es una forma bastante extraña de vender papel.
Pero espera y presta atención.
Hace un tiempo nos llamó una empresa.
Gastaban muchísimo papel.
Muchísimo.
Nos pidieron presupuesto.
Se lo preparamos.
Y nos dijeron:
—Es más caro que el que hemos encontrado por internet.
Normal.
Así que les hicimos una pregunta:
—¿Qué impresoras tenéis?
Nos lo contaron.
Y entonces entendimos por qué el otro papel era tan barato.
Era demasiado fino para lo que necesitaban.
Podían comprarlo.
Por supuesto.
Nadie se lo impedía.
Así que les dijimos algo que probablemente no esperaba escuchar de un vendedor:
“Compradlo.”
Sí.
Tal cual.
Que lo probaran.
Porque hay veces que la mejor manera de vender algo es decirle a alguien que no lo compre.
Lo probaron.
Y volvieron.
No dos días después.
Ni una semana.
Dos meses después.
Esta vez no preguntaron por qué nuestro papel era más caro.
Preguntaron:
—¿Cuánto cuesta?
Y ahí está la historia.
Porque el papel es una cosa curiosa.
Nadie piensa en él.
Hasta que empieza a dar problemas.
Un atasco.
Dos hojas juntas.
Una impresión que parece hecha sobre papel de fumar.
Una impresora que decide que hoy no trabaja.
Y ese maravilloso momento en el que alguien abre la bandeja
y empieza a darle golpes al papel como si estuviera arreglando un televisor de 1987.
Ahí ya no parece tan importante ahorrarse unos céntimos por paquete.
Porque hay una cosa que se nos olvida cuando comparamos precios:
el precio es lo que pagas por el papel.
El coste es lo que te cuesta el papel.
Asimílalo
Asúmelo
Interiorízalo
Te lo voy a repetir…
el precio es lo que pagas por el papel.
El coste es lo que te cuesta el papel.
Y no es lo mismo.
Un papel barato puede salir muy caro.
Sobre todo cuando tienes que imprimir 2.000 documentos
y la impresora decide convertir cada hoja en una pequeña aventura.
Por eso nosotros no intentamos venderte el papel más barato.
Intentamos venderte el papel que tiene sentido para tu impresora y para el trabajo que haces.
Porque nuestro trabajo no termina cuando te entregamos una caja.
Ahí empieza.
Queremos que pongas un documento en la bandeja, pulses “Imprimir” y salga una hoja.
No un atasco.
No tres hojas pegadas.
No una visita al servicio técnico.
Una hoja.
Parece poca cosa.
Hasta que necesitas 2.000.
Entonces descubres que el papel no era tan aburrido.
Y por eso aquella vez le dijimos a un cliente que no comprara nuestro papel.
Porque preferimos perder una venta antes que venderte algo que sabemos que te va a dar problemas.
Y, curiosamente, esa es precisamente la razón por la que volvió.
No vendemos cajas de papel.
Vendemos la tranquilidad de no tener que acordarte
de nosotros cada vez que tu impresora decide hacer huelga.
Y después de tantos años viendo impresoras hacer cosas que desafían las leyes de la física…
créenos: sabemos de qué hablamos.
¿Quieres papel que simplemente sea barato?
Hay mucho.
¿Quieres papel que funcione?
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P.D.1 Papel barato hay a patadas. Problemas también. ¿Cuál quieres comprar? Hablemos es abajo sí en las palabras moradas.


