¡Abre las orejas!

Los ensayos tienen un problema.

No suelen gustarle a la gente que ya lo sabe todo.

Y eso explica muchas cosas.

Vivimos en una época fascinante.

Todo el mundo tiene opinión sobre economía.

Sobre política.

Sobre educación.

Sobre geopolítica.

Sobre el cambio climático.

Sobre la vivienda.

Sobre la inteligencia artificial.

Sobre la cría del mejillón búlgaro.

Y sobre cualquier asunto que se cruce en su camino durante más de siete segundos.

Lo que ya cuesta más encontrar es a alguien

que haya leído un libro entero sobre aquello de lo que habla.

Pero hablar es gratis.

Pensar sale más caro.

Por eso me gustan los ensayos.

Porque son profundamente antipáticos.

Abres uno convencido de que vas a aprender algo.

Y muchas veces lo que aprendes es

que llevabas años diciendo tonterías con una seguridad admirable.

No es agradable.

Pero es útil.

Mucho más útil que escuchar por quinta vez a alguien

explicando el mundo con un vídeo de treinta segundos y música épica de fondo.

Lo curioso es que los lectores de ensayo somos una especie rara.

No porque seamos más inteligentes.

Ni más cultos.

Ni más guapos.

Aunque algunos hagamos un esfuerzo.

Somos raros porque todavía conservamos una costumbre extrañísima:

la de cambiar de opinión cuando aparecen mejores argumentos.

Ya sé.

Suena revolucionario.

Por eso sigo leyendo ensayos.

Porque me recuerdan algo importante.

Que el mundo es bastante más complejo de lo que parece.

Y que yo sé bastante menos de lo que creía.

Lección que, por cierto, convendría regalar más a menudo.

Yo no tengo una gran librería llena de miles de títulos acumulando polvo.

Trabajo de otra manera.

Tú me dices qué ensayo quieres leer.

Yo te lo traigo.

Así de simple.

Sin algoritmos.

Sin modas.

Sin un influencer señalando un libro que probablemente no ha terminado.

Solo tú.

Un libro.

Y la pequeña posibilidad de descubrir algo.

Aunque sea que estabas equivocado.

Que, bien pensado, suele ser donde empiezan las mejores ideas.



P.D.: Si llevas tiempo diciendo que quieres leer más ensayos, ya sabes dónde encontrarme, es… aquí.

Si llevas tiempo diciendo que vas a empezar “la semana que viene”, probablemente también sé cómo acabará esa historia.

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